Lecce

Ostuni

Tras abandonar Alberobello aún sorprendidos nos dirigimos al sur. Muy cerca nos topamos con Ostuni cuyo casco antiguo se asienta sobre un cerro totalmente amurallado y que desde la lejanía nos regala una magnífica foto de postal.

Ostuni

Adentrándonos en el centro a través de una de las puertas de la muralla nos encontramos otro pueblo blanco perfectamente cuidado, lleno de estrechas callejuelas y subidas y bajadas que invitan a perderse e ir descubriendo unos arcos, un restaurante, la enorme catedral, un mirador en lo alto  con vistas al cercano mar Adriático… encantador. Algo más turístico , está plagado de locales con estilo y aspecto lujoso. Nos sorprendió especialmente un bar con vistas a la llanura con el oceano al fondo, todo decorado en blanco y donde solo servían Moet Chandon. Visita muy recomendable que se merecía una parada un poco más larga. En otra ocasión :-).

Lecce

Llegamos al destino final de nuestro viaje: la bonita ciudad de Lecce, capital de la región de Apulia, también llamada “la Florencia del Barroco”. A pesar de ser una ciudad pequeña tiene un centro histórico muy importante , de calles empedradas, donde palacios e iglesias surgen por doquier a nuestro paso. Casi todos ellos están finamente decorados con exhuberantes exculturas y los floridos adornos típicos del recargado Barroco totalmente esculpidos en la piedra, pero con mucho gusto, no olvidemos que estamos en talia :-). A destacar la plaza de la catedral y sobre todo la Basílica de la Santa Croce,cuya fachada es una auténtica joya.

Lecce - Catedral Lecce

No os perdáis la Cartolería Pantheon, una papelería de las mejores que he visto nunca: agendas, carpetas, libros y mapas antiguos llenan las estanterías del local, un sitio encantador que no te dejará indiferente. Merece la pena echar un vistazo aunque no compres nada. Está al lado de la plaza de la catedral.

Enseguida nos llamó la atención el buen ambiente que había en Lecce, la ciudad está llena de bares y restaurantes con mucha animación a la hora del vermut y por la tarde. Entre la plaza principal y la Santa Croce hay una zona con muchas terrazas donde poder tomarse unos vinos. Tamoco faltan tiendas de complementos de lujo, artesanía o ropa Vintage…es un sitio con muchísimo encanto.

Lecce - Santa Croce Lecce - Santa Croce

hotel_redDormimos en los apartamentos Fjore di Lecce en la zona antigua, apenas a 5 minutos de la catedral. El barrio en el que se encuentran estos apartamentos esta formado por antiguas casas/palacios de piedra aun en restauración por lo que por la noche era un poco solitaria, aunque nunca tuvimos sensación de inseguridad. El apartamento ocupaba la planta baja de una de estas casas pero por dentro era totalmente nuevo y estaba muy bien decorado aunque quizas el espacio era un poco justito. Como curiosidad, la entrada a la habitación estaba a nivel de calle, y el acceso a ella era directo desde la puerta de entrada de la casa. Nos fijamos y en la mayoría de los edificios del barrio habían restaurado solo la planta baja , dejando la fachada del primer piso hueca, como de adorno, sin que nadie viviese allí. Nos salió por 55€ la noche, desayuno incluido en un bar cercano.

restaurante_redSiguiendo los consejos del dueño de los apartamentos, un día fuimos a comer a un curioso restaurante muy frecuentado por los lecceses, la Trattoria da Angiulino. Además de la pasta, su especialidad son los filetes y productos de carne de caballo. El local se parece a un chigre o tasca de los de toda la vida, con mesas y decoración sencillas, en el que no había nadie que no fuese nativo (esto siempre es buena señal). A la entrada había bastante cola esperando turno para comer, así que aunque fueron bastante rápidos conviene reservar. En la carta, como casi siempre en Italia, la comida está super barata. Por supuesto probamos el filete de caballo, nos sirvieron un par de filetes finos que estaban realmente buenos a pesar de ser una carne bastante más dura que la de ternera.
Con un buen entrante y otro plato principal más vino y agua, todo por 25€. Baratísimo.

Lecce - Santa Croce

restaurante_redYa para la cena de despedida del viaje fuimos a La Torre di Merlino. Había que aprovechar a tope el buen tiempo así que cenamos en la terraza, instalada en una animadísima plaza plagada de gente cenando y tomando algo. La comida estuvo estupenda. Es un sitio famoso por las pizzas, pero los demás platos de la carta tenían tan buena pinta y las pizzas de Nápoles nos habían dejado tan buen recuerdo que al final preferimos no estropearlo. A cambio cayeron, entre otros ricos platos, unas gambas rojas que estaban de miedo. Sitio muy muy recomendado.

Desde Lecce sale un autobús cada hora (7€) hacia el aeropuerto de Brindisi donde, casi llorando, cogimos un avión de vuelta a Roma (hay vuelos muy baratos con Ryanair). Aquí pusimos fin a este muchas veces sorprendente viaje que francamente nos dejó con ganas de conocer más del “tacón” de la bota italiana. Ahora a pensar en el próximo.

Anuncios

Alberobello

Martina Franca y Locorotondo

Abandonamos con pena Matera hacia otros dos cercanos pueblos de camino a Alberobello.

Martina Franca tiene un casco antiguo totalmente amurallado y plagado de palacetes en sus estrechas calles blancas. Es un pueblo completamente barroco , y los palacios impresionan con puertas de piedra y sus balcones de forja . Es agradable darse un paseo por lugares que evocan un señorío quizá ya pasado. Estuvimos unas 2 horas.

Martina Franca Martina Franca

Locorotondo es un pueblo blanco en lo alto de un cerro. Destaca desde lejos la vista de sus murallas formadas por casas blancas con tejados en forma de pico. En sí mismo el pueblo son callejuelas estrechas con un par de enormes iglesias que visitar. Nuevamente el perderse por los encantadores recovecos, aquí con un balcón en forja, allí con unas coloridas flores, es lo que hace interesante a este pueblo.

Locorotondo

Alberobello

Saliendo de Locorotondo en dirección a Alberobello (a unos pocos kilómetros) entramos en la zona de los trulli. Y es que los trullos son las simpáticas construcciones que dan nombre a todo el valle y el rasgo característico y sorprendente de Alberobello.

No teníamos ninguna referencia sobre este pueblo más allá de lo que contaban someramente las guías así que os podéis imaginar el impacto visual que nos causó ver cientos de estas casitas que parecen “de los pitufos” 🙂

Alberobello Alberobello

Hay 3 barrios de trulli en Alberobello, perfectamente cuidados y restaurados. El principal está dedicado casi enteramente al turismo así que está lleno de tiendas de recuerdos y restaurantes. Los otros 2 están menos explotados y puedes pasear tranquilamente y sacar fotos sin apenas gente o baratijas turisteiras.

hotel_redDormimos en el Albertgo Airone, un hotelillo de precio razonable (55€) a unos 10 minutos del centro. Dormir en alguno de los trulli de Alberobello sale por más de 90€, un precio claramente excesivo para estar fuera de la temporada alta. El Airone es un hotel rancio y anticuado, con la habitación y el baño de bastante viejos. Simplemente es un sitio para pasar la noche gastando poco, algo qu en la zona es muy difici. Como gran ventaja, disponía de aparcamiento gratis para el coche. Hay que tener en cuenta que para aparcar el coche en cuaquier otro sitio cerca de la zona de los trulli había zona azul , por supuesto a un-ojo-de-la-cara la hora.

Si quereis ver un trulli por dentro y tomar un buen vino de la zona de paso 🙂 os recomendamos Paco wines, una vinatería situada en el sótano restaurado de uno de los trulli. Además el dueño es muy atento y es un sitio especialmente agradable,así que acabamos repitiendo al día siguiente..

restaurante_redPara cenar no había demasiadas opciones, y finalmente entramos en la pizzería Il Pinacolo por sus buenas opiniones en Tripadvisor. Nada más entrar ya no nos causó muy buena impresión por su mobiliario viejo y su decoración poco cuidada. Además la comida hay que decir que fue bastante floja. Esta vez no hubo suerte. No podemos recomendar otro en Alberobello ya que no fuimos a más.

Dedicamos una tarde entera y la mañana siguiente a este maravilloso y encantador lugar. Visita inexcusable.

Alberobello

Matera

En Salerno alquilamos un coche para dirigirnos al “tacón” de la bota italiana. Siguiendo las recomendaciones de otros blogs y foros realizamos la primera parada en el pueblo de Matera, y fue todo un acierto.

Matera es un pueblo relativamente grande situado en el cañón de un río , en una especie de monte de roca caliza. El pueblo entero está formado por casas-cueva excavadas en la roca, cientos de ellas, y edificios tallados con la misma piedra . El conjunto entero conforma un paisaje totalmente espectacular que nos obligó a quedarnos en el pueblo más tiempo de lo previsto para disfrutarlo con calma. La vista de la ladera del río con las cuevas, la catedral en lo alto y la multitud de casitas de piedra conforma un paiaje que nos dejó con la boca abierta nada más llegar, nunca habíamos visto nada parecido.

Matera

Las visitas más interesantes son las de las antiguas iglesias antiguas excavadas por completo en la roca con sus paredes plagadas de frescos. Se puede comprar un bono para visitar las 3 iglesias por 6€. La encantadora catedral, cuya esbelta torre destaca en el centro del pueblo, estaba cerrada por obras. Por supuesto, el mero hecho de pasear por sus callejuelas llenas de escaleras arriba y abajo talladas en la misma piedra es un auténtico placer.

Matera Matera

Para tomar algo recomendamos un bar llamado Area 8. Un sitio distinto, con un mobiliario que parecía sacado de un mercadillo pero cuidadosamente elegido para el local: mesas y sillas de colegio (igualitas a las que tuvimos nosotros en la infancia), puertas desgastadas a modo de mesas y butacas rescatadas de algún cine de los de antes, con su asiento abatible y todo, muy simpático. Era además una especie de lugar de exposiciones y alojamiento de artistas a la vez, un formato tipo bar-hipster-gafapasta que está en plena actualidad :-). Muy cerca, en la parte alta del pueblo, está la calle peatonal principal con varias cafeterías y bares también muy agradables para tomar algo.

Una grata sorpresa el pueblo de Matera que nos dejó absolutamente encantados. Un pueblo que no puedes dejar de visitar.

Salerno

Llegamos a la ciudad de Salerno en un barco jet que hizo el trayecto desde Capri en una hora y media (21,50€). Esperábamos que Salerno fuese una especie de Nápoles, pero lejos de eso encontramos una ciudad con un centro muy arreglado, calles comerciales peatonales (limpias) y unos cuantos bares y restaurantes de aspecto moderno y, por qué no decirlo, un tanto pijos. El ambiente también se correspondía con esa idea: en general mucho “pijerío”.

Parece una ciudad agradable para vivir, sin embargo de cara al turismo no tiene demasiadas cosas que ver, da para un paseo de 3 o 4 horas nada más.

Salerno - Catedral

hotel_redNos alojamos en el B&B Suite 39, un hostal en pleno centro con habitaciones totalmente nuevas y decoradas con mucho gusto, incluso contábamos con un balconcillo que daba a la calle principal. En el hostal nos trataron con muchísima amabilidad y por la mañana te llevan el desayuno a la habitación a la hora pactada. Todo por 60€ la noche. Muy recomendado.

restaurante_redPara cenar el dueño del B&B nos recomendó el Dedicato a mio padre. Una pequeña tasca totalmente auéntica que marcó un antes y un después en nuestro viaje, al final resultó una de las mejores experiencias que tuvimos. Cuendo llegamos, sin reserva, el local estaba completamente lleno de gente, todos ellos salernitanos (buena señal) . Al pedirle mesa al dueño ni corto ni perezoso sacó una mesa de PVC de un rincón con un par de sillas y la plantó fuera del bar, en medio de la calle. Y allí cenamos, solos en medio de la calle, con un taburete cutre haciendo las veces de cubitera. La gente pasaba a nuestro alrededor y se reía, algunos hasta nos hacían fotos… Todo indicaba que no nos ibamos a aburrir.

Enseguida empezó el festín. El dueño, sin enseñarnos ningún tipo de carta, nos preguntó en perfecto italiano si queríamos los entrantes fríos o calientes. Como vio que no entendíamos ni torta decidió él por nosotros que nos traería uno de cada. A partir de ahí empezó el desfile sin fin de platos, platos y más platos sin parar.

Después de comer como 5 platos de pescado y marisco cada uno (¡¡incluso oricios!!) el dueño nos hizo la 2ª pregunta de la cena, que con qué queríamos la pasta. Nos soltó una retahila enorme de posibilidades y al final nos decidimos (por decir algo) por los macarrones astice (langosta) y bacalao. El plato de pasta con langosta consistía en una langosta entera (deliciosa , por cierto) con 4 macarrones gordos como acompañamiento… sin palabras. Y todavía nos faltaba el pescado, el dueño nos ofreció varios tipos a elegir pero a esas alturas estábamos tan llenos que con gran pena tuvimos que rechazar la oferta. En cambio fue imposible negarse al postre, el dueño del sitio, todo un personaje, decidió que lo traía y punto…

Como despues supimos, este es un tipo de restaurante de menú único según lo que haya en la rula ese día y precisamente eso es lo que te sirven: producto muy fresco y bien cocinado. El precio es fijo: 40€ por cabeza, pero mereció muchisimo la pena, disfrutamos enormemente de la cena-espectáculo con esa ristra interminable de manjares y la graciosada de cenar en una mesa en medio de la calle 🙂

Paestum

Unos 50 km. al sur de Salerno están las ruinas arqueológicas de Paestum. Hay dos enormes templos prácticamente enteros que impresionan nada más verlos. El resto del sitio no tiene apenas nada en pie, pero solo por estos dos templosmerece la pena la visita.

Paestum

Comimos muy agradablemente en una antigua casa de piedra habilitada como restaurante, justo enfrente de la entrada a las ruinas. Disfrutamos mucho de su encantadora terraza , rodeados de flores y restos de antiguos templos romanos. La comida era casera y bien preparada , todo un acierto. Por si pasais por allí, su nombre es “Il Gallo e la Perla”.

Capri

Abandonamos Maiori en barco hacia la famosa isla de Capri. Hay un trayecto a primera hora de la mañana que cuesta unos 22€. El trayecto en sí mismo ya es una gozada, vas disfrutando de maravillosas vistas de la costa amalfitana, con sus castillos y mansiones con bajada a la playa.

Capri

Capri es isla bastante pequeña y tremendamente escarpada, lo que la hace distinta a otras islas mediterraneas. En este sentido es bastante parecida a la costa de Amalfi, aunque en global quizás sea más espectacular e interesante la costa Amalfitana.

En la isla hay dos pueblos principales: Capri, situado en la parte central de la isla, al que se accede en funicular o cogiendo un autobús en el puerto, y Anacapri, aun más alto, en la cima de un acantilado al que se llega por una carretera estrecha tallada en el borde del precipicio.

Capri Capri

Capri sin duda es la ciudad más famosa y la que concentra el lujo que hace famosa a la isla. Efectivamente sus estrechas calles están plagadas de tiendas de moda de los más famosos (y caros) diseñadores y objetos de lujo, ademas de carísimos hoteles y restaurantes. Por ejemplo es imposible comer una pizza de calidad mediocre por menos de 15€ y la bebida es aún más cara (8€ por una copa de vino o cerveza). En todo Capri los precios eran similares o superiores.

Con la completísima red de autobusillos de que dispone la isla es muy fácil recorrerla de punta a punta en poco tiempo, aunque buena parte de ella es peatonal y está llena de senderos perfectamente sñalizados para recorrer sus puntos mas importantes a pie.

Monumentalmente lo que más merece la pena ver es la curiosísima iglesia de “San Michele” en Anacapri (entrada 2€). El suelo es único, completamente cubierto de azulejos pintados a mano con escenas del Génesis. No recuerdo haber visto nada parecido antes.

Capri

Desde Anacapri sale otro autobús hacia la Punta Carena, donde hay un bonito faro y unas terrazas al pie de “playa” (por playa hay que entender unas cuantas rocas). El sitio perfecto para contemplar el atardecer tomando algo en plan relax total.

Capri

Una de las atracciones más famosa de la isla es la Grotta Azurra (Cueva Azul), llamada así por el color que toma el agua al entrar la luz en la cueva. Cuesta unos 15€ el trayecto desde el puerto y otros 15€ entrar a la cueva, ya que el acceso lo realizan unos pocos marineros en sus botes de remos. Sopesando el precio/beneficio decidimos no ir, nos pareció más “turistada” que otra cosa, en los foros hay opiniones muy dispares en cuanto a esta visita, así que queda a vuestra elección.

hotel_redPara dormir encontramos una buena oferta en el Hotel Bristol (70€ la habitacion doble). El hotel está en la subida que va desde el puerto a Capri,justo al lado de la parada del autobusillo. Nos dieron una habitación en la planta baja que estaba bastante vieja, a pesar de que en las fotos de la web las habitaciones parecían mucho mejores. Nos dijeron que las renovadas estaban en el edificio principal. Otro detalle feo fue que a la hora de pagar “curiosamente” no les funcionaba el lector de tarjetas por lo que no nos quedó otra que pagar en efectivo. Un truco habitual que suelen usar para ahorrarse la comisión, no hacer factura, etc. En fin…
Por lo demás el chico de recepción fue bastante atento y hablaba español, lo que nos ayudó bastante a decidir las visitas a realizar. Pero lo mejor del hotel sin duda fue poder disfrutar de la piscina con al soleado día que hacía. ¡Nadar con esas vistas al golfo de Nápoles no tiene precio!
Viendo los precios elevadísimos de los hoteles en Capri (más de 200€ el más barato) el Bristol resultó una estupenda elección a pesar de todo.

del

Costa de Amalfi

La escarpada costa es una auténtica maravilla. Lo más impresionante son las vistas sobre todo desde el autobusillo que recorre la sinuosa carretera que discurre tallada sobre los acantilados descubriendo en cada curva una visión mejor que la anterior.

El viaje desde Sorrento en autobús dura aproximadamente hora y media hasta Amalfi. Desde allí sale otro autobús que hace la ruta de Amalfi a Salerno, al que tuvimos que cambiar para poder llegar a Maiori, donde teníamos el alojamiento.

Los coloridos pueblos se van sucediendo al paso del autobús, apareciendo encaramados a los precipicios tras cada curva.

Positano es el primero que se encuentra desde Sorrento y el más famoso (y caro) de la costa. Es claramente el más espectacular por sus casas de vivos colores que suben por callejuelas empinadísims y escaleras hasta una impresionante altura sobre las escarpadas pendientes. Las pequeñas callejuelas son un hervidero de gente, Iglesias, tiendas y bares que te conducen hasta la pequeña playa que hay abajo del todo, en el puerto.

Positano

Hay otros pequeños pueblos hasta Amalfi, como Praiano o Furore, que nos regalan bonitas vistas desde el autobús (y también un poco de miedo) al ver el altísimo acantilado desde el borde mismo de la carretera. Nos quedó pendiente Ravello, del que nos hablaron maravillas tambíen. Apuntado para otra ocasion :-).

Amalfi da el nombre a toda la costa y es punto de llegada y salida de autobuses y barcos, por lo que está siempre plagado de excursionistas. En general los pueblos de la costa Amalfitana no tienen mucho que ver desde el punto de vista monumental, pero la excepción está en la catedral de Amalfi. Es imprescindible ver su cripta alucinantemente decorada al más puro estilo Barroco italiano con frescos, dorados y mármoles en honor a San Andrés. Hay también una antigua capilla anexa a la catedral con antiguos frescos y una impresionante colección de reliquias o obras de arte, a la que se accede atravesando un patio de estilo árabe. Por supuesto la catedral en sí misma también merece la pena, con sus columnas de mármol y su artesonado de oro, aunque palidece en comparación con la cripta.

Amalfi - Catedral Amalfi - Catedral

Por lo demás Amalfi tiene poco de inerés: una calle pricipal no muy larga con las típicas tiendas de recuerdos y atiborrada de turistas. Si te apartas un poco de esta calle principal te encuentras con calles “túneles” bajo las casas, que en realidad son antiguas callejuelas sobre las que han ido construyendo los edificios para aprovechar el escaso espacio. Muy curioso.

Finalmente llegamos a Maiori, el pueblo con la playa más extensa de toda la costa. En Italia la mayor parte de las playas son privadas, con tumbonas y sombrillas que te alquilan por días. Aunque en todas las playas que vimos siempre había una pequeña zona pública, solía ser la parte “más fea” en un rincón de la playa. En Maiori tuvimos ocasión de disfrutar de varias horas de playa para descansar de los ajetreados días previos.

hotel_redDormimos en la Casa Marilisa, un apartamento en pleno centro de Maiori que encontramos por unos 75€ la noche. Toda la costa amalfitana es muy cara en cuuanto a alojamiento y es muy difícil encontrar algo decente por menos de 200€. El apartamento era muy amplio y moderno, decorado con mucho gusto. Estaba muy limpio y equipado al completo incluso con aire acondicionado, todo un acierto.

Maiori es más tranquilo que otros pueblos como Amalfi o Positano. Tiene apenas unos 5 o 6 pequeños restaurantes y a esta altura del año había poco ambiente por la noche.

restaurante_redUna noche cenamos en la pizzería Il Baluardo, en un callejón lateral a la calle peatonal principal Corso Regina, un sitio especializado en carnes a la parrilla. La carne era de excelente calidad y, en la línea habitual del sur de Italia, muy barata. Con un entrante, otro plato principal y vino, la cuenta total salió por 36€. Recomendado.

restaurante_redOtro día cenamos en El Dorado, un restaurante en pleno paseo marítimo enfrente de la playa. Pedimos pasta al’astice, o sea con langosta. Es sorprendente lo barato que está la langosta y aunque no tiene la calidad de la del Cantábrico o mares más fríos estaba muy sabrosa y bien preparada. Al final, un entrante, dos platos principales y vino por 54€ los dos.

Toda la costa está salpicada de torreones defensivos, ya que Amalfi fue una poderosa república naval en el pasado. Cenamos en uno de ellas en uno de los salientes rocosos que protegen la ciudad en Maiori, la Torre Normanna: una majestuosa torre de piedra construido encima en un islote y unida a tierra firme por un bonito puente. Todo ello preciosamente iluminado de noche.

Maiori - Torre Normanna

restaurante_redLa Torre Normanna es un restaurante elegante en un enclave privilegiado ideal para una cena romántica. Imaginaos cenar en una terraza en lo alto de una torre medieval con vistas a la costa de Amalfi y al mar, en una mesa a la luz de las velas y decorada con flores mientras un camarero de traje blanco te sirve una copa de proseccco… estos italianos sí que saben ;-).
Cuando conseguimos despertar del sueño 🙂 empezamos la cena con unas croquetas de patata (un poco flojas) y un tartar de ternera con queso caprese que estaba perfecto. Mi chica es una fan absoluta del marisco, así que no quedaba otro remedio que pedir los papardelle di Gragnano all’astice. La langosta estaba increible de sabor y preparada en su punto, no dejamos nada en el plato. Yo me decidí por el fileto ricota con cama de patatas, con un muy buen foie. Excepto las croquetas lo demás estaba de cine.
Como no podía ser menos, cenamos con prosecco, Il Sogno. Resultó bastante bueno, quizás con más burbuja y algo más ácido que otros proseccos que probamos. El servicio fue atentísimo y amable durante toda a velada, a pesar de que fueron un pelin bordes cuando fuimos a reservar por la tarde. Debían de estar entrando a trabajar y estaban de mal humor. Al final durante la cena fueron impecables, así que todo olvidado.
La cuenta final salió por 110€. Teniendo en cuenta la localización, que es la carísima costa de Amalfi y lo que comimos, me parece una muy buena RCP. Al final nos llevamos un maravilloso recuerdo de esta velada romántica y eso no tiene precio.

Pompeya

A los pies del volcán Vesubio yace esta enorme ciudad rescatada de las cenizas. Sin duda es un recinto enorme y hay unos cuantas visitas interesantes, aunque nosotros nos perdimos varias de las casas más famosas porque estaban restaurándolas y se podían ver. Al menos podían avisar antes de entrar para evitarse pateadas inútiles por aquellas piedras…

Desde Sorrento son 30-35 minutos en el tren (2,60€ por trayecto). El tren para justo delante de la entrada a Pompeya,así que es una buena opción de transporte.

La entrada cuesta 11€. Ojo al bajarse del tren porque justo al lado hay unos listillos vestidos de uniforme que te conducen a lo que parecen las taquillas oficiales donde se compra la entrada al recinto, pero ahí lo que venden son visitas guiadas de una empresa paticular (12€). Mucha gente se deja llevar por ellos, compran en estas taquillas y al entrar al recinto real se encuentran con que tienen que pagar otros 11€ por la entrada de verdad. Si lo que quieres es una visita guiada puedes comprarla por supuesto (aunque siempre juntan grupos muy grandes), sino cuidadito con dejarte liar por estos oportunistas y asegúrate de que estás comprando la entrada oficial, dentro de las puertas del recinto. Nosotros (odiamos las visitas en grupo) cogimos la entrada básica + la audioguía (6€) y nos sirvió de sobra para entender los distintos monumentos y villas mientras nos movíamos a nuestro aire por la ciudad.

Pompeya

Lo que más nos gustó de Pompeya (de lo que nos dejaron ver :-P): la casa del fauno, las termas (totalmente espectaculares) y una villa que había a las afueras que perteneció a un rico productor de vino, donde se conservan varios de los mejores frescos y hasta un lagar donde hacían el vino. También non encantaron los bares (si, bares), casi iguales a los actuales, en especial un bar-restaurante que era “famoso” entre los Pompeyanos de entonces con sus distintos comedores,muy bien restaurado, y por supuesto el lupanar :-). Como habíamos comentado antes, la mayoría de objetos encontrados en Pompeya están en el Museo Arqueológico de Nápoles, lo que lo convierte en uno de los mejores del mundo. Una pena no poder ver los objetos en su sitio, salvo unas pocas reproducciones.

Al final le dedicamos unas 4 horas, obviamente insuficientes para ver todos los restos de la enorme ciudad, aunque sí pudimos disfutar de la mayoría. Llevad calzado cómodo ;-).