Pompeya

A los pies del volcán Vesubio yace esta enorme ciudad rescatada de las cenizas. Sin duda es un recinto enorme y hay unos cuantas visitas interesantes, aunque nosotros nos perdimos varias de las casas más famosas porque estaban restaurándolas y se podían ver. Al menos podían avisar antes de entrar para evitarse pateadas inútiles por aquellas piedras…

Desde Sorrento son 30-35 minutos en el tren (2,60€ por trayecto). El tren para justo delante de la entrada a Pompeya,así que es una buena opción de transporte.

La entrada cuesta 11€. Ojo al bajarse del tren porque justo al lado hay unos listillos vestidos de uniforme que te conducen a lo que parecen las taquillas oficiales donde se compra la entrada al recinto, pero ahí lo que venden son visitas guiadas de una empresa paticular (12€). Mucha gente se deja llevar por ellos, compran en estas taquillas y al entrar al recinto real se encuentran con que tienen que pagar otros 11€ por la entrada de verdad. Si lo que quieres es una visita guiada puedes comprarla por supuesto (aunque siempre juntan grupos muy grandes), sino cuidadito con dejarte liar por estos oportunistas y asegúrate de que estás comprando la entrada oficial, dentro de las puertas del recinto. Nosotros (odiamos las visitas en grupo) cogimos la entrada básica + la audioguía (6€) y nos sirvió de sobra para entender los distintos monumentos y villas mientras nos movíamos a nuestro aire por la ciudad.

Pompeya

Lo que más nos gustó de Pompeya (de lo que nos dejaron ver :-P): la casa del fauno, las termas (totalmente espectaculares) y una villa que había a las afueras que perteneció a un rico productor de vino, donde se conservan varios de los mejores frescos y hasta un lagar donde hacían el vino. También non encantaron los bares (si, bares), casi iguales a los actuales, en especial un bar-restaurante que era “famoso” entre los Pompeyanos de entonces con sus distintos comedores,muy bien restaurado, y por supuesto el lupanar :-). Como habíamos comentado antes, la mayoría de objetos encontrados en Pompeya están en el Museo Arqueológico de Nápoles, lo que lo convierte en uno de los mejores del mundo. Una pena no poder ver los objetos en su sitio, salvo unas pocas reproducciones.

Al final le dedicamos unas 4 horas, obviamente insuficientes para ver todos los restos de la enorme ciudad, aunque sí pudimos disfutar de la mayoría. Llevad calzado cómodo ;-).

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