Nápoles

Nápoles es una ciudad caótica, “destrozada” y sucia, sin embargo ver este espectáculo merece la pena. El centro son callejuelas estrechas donde las motos y algún cincueccento campan a sus anchas a toda velocidad, incluso por las pocas calles “peatonales” que tiene. La ropa está tendida sobre la calle colgando en cuerdas que cruzan de un edificio al de enfrente y las nonnas hablan a gritos por las ventanas mientras recogen la verdura comprada en una camioneta ambulante arrojando un caldero con una cuerda desde el séptimo piso.

Nápoles

Llegamos a Nápoles desde Roma en el tren de alta velocidad, el Frecce de Trenitalia, en tan solo 1h10min por menos de 30€ por cabeza. También hay otra compañía que hace el trayecto: Italotreno.

Nos alojamos en un pequeño pero moderno apartamento situado en un antiguo palacio rehabilitado, muy chulo. Lo encontramos en Airbnb, página a la que nos hemos aficcionado mucho últimamente. La situación era inmejorable: justo al lado del Museo Arqueológico, nuevecito y totalmente equipado por solo 55€ al día.

En la ciudad no hay muchos monumentos dignos de mención. En el centro está la catedral y varias iglesias que no impresionan mucho, mientras que en la zona del puerto está el castillo Nuovo y al lado la Galería Umberto I, un centro comercial con techo de hierro y cristal que sí merece una visita. Aunque en realidad el auténtico valor de la ciudad está en su “encantador” caos, en sus edificios señoriales (en otra época palacios) en los que faltan trozos enteros de fachada y que ahora albergan familias enteras amontonadas en cada pequeño hueco habitable. Es toda una experiencia pasear por la calle principal intentando esquivar a la vez las motos a toda velocidad y las montañas de basura que se acumulan bajo sus apuntalados arcos. Si os queda algo de tiempo, el Museo Arqueológico es una buena opción. Allí se conservan casi todas las pinturas y objetos traidos de Pompeya y Herculano, incluyendo la curiosa sala de objetos eróticos que estuvo censurada durante años y que merece una visita sin duda.

Nápoles - Galería Umberto I Nápoles - Castel Nuovo

Comer en Nápoles es super-barato. Las pizzas están realmente buenas, son enormes, siempre están recién hechas en horno de leña y cuestan entre 3 y 7€ en casi todas partes. La típica pizza napolitana tiene una masa muy fina; por lo visto lo ideal es que la parte central tenga tan solo 0,3 mm de espesor. Se hornea durante 60-90 segundos y debe quedar lo suficientemente flexible para poder doblarla para comer.

restaurante_redSorbillo es la pizzería más famosa de la ciudad, y con razón, ya qe ha ganado el premio a la mejor pizza del mundo en varias ocasiones. Las pizzas cuestan entre 3,5 la margarita y 6€ las de más ingredientes. Son tan grandes que se salen del plato. Es un sitio donde no se puede reservar y suele haber mucha cola pero las mesas circulan muy rápido y nunca esperamos más de 30 minutos. Hay que apuntarse en la puerta y esperar afuera a que te llamen. Muy recomendable, no volvimos a comer una pizza tan buena en todo el viaje.

restaurante_redMichelle es la más antigua y solo tiene pizzas margarita y marinara. Merece la pena por la tradición, ya que se supone que son los auténticos inventores de la pizza margarita, aunque no está tan buena como la de Sorbillo (¡imposible!). Tampoco reservan, así que hay que coger un numerito y esperar turno afuera. Aquí sí podeis ir preparados para esperar, siempre hay mucha cola.

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